El Rastro de La Sangre
La Investigación de las Huellas de los Cristianos
A Través de los Siglos...
Esta es
La Historia de las Iglesias Bautistas
Desde el Tiempo de Cristo,
Su Fundador,... Hasta la Actualidad
por J. M. Carroll
El propósito de este librito es dar a conocer la historia de los
TESTIGOS FIELES del Señor Jesús, quienes como miembros de la IGLESIA QUE JESÚS
EDIFICÓ “... han vencido por medio
de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y
menospreciaron sus vidas hasta la muerte”. (Apocalipsis 12:11)
Obra original en inglés:
“The Trail of Blood”
Publicado en 1931 por Dr. J. W. Porter
Traducido por José M. Rodríguez
Publicado en 1976 en español por
Editorial
Challenge
Pastor M. L. Moser, Jr.
Edición
Revisada realizada
por Julio J. Argüelles y Theodore L. Tweet
San Pedro Sula, Honduras, C.A.
Publicado en 2002 por
E.U.A.
Pastor Al Gormley (859) 299-1430
Vivimos en una época donde muchos o la mayoría de las Iglesias
Bautistas Independientes o Asociadas se han alejado de la enseñanza verdadera
de la Iglesia Bautista que el Señor fundó en el Nuevo Testamento. Los bautistas verdaderos siempre han enseñado
y practicado que la asamblea (Iglesia) es local y visible. La enseñanza de la iglesia universal y la
comunión abierta es diferente y extraña a las Escrituras. Indudablemente hay un abandono de la verdad
como indica 2 Tesalonicenses 2:3 y un alejamiento
de la fe (apostasía) como se menciona en 1
Timoteo 4:1.
- Pastor Al Gormley
CONTENIDO
Prefacio......................................................................................1
Primera
Disertación - Cristo Empezó Su Iglesia...........................3
Primer
Período - Desde el año 30 al 500.....................................9
Segundo
Período - Desde el año 600 al 1300............................21
Tercer
Período - Desde el año 1400 al 1600.............................34
Cuarto
Período - Siglos 17, 18 y 19..........................................45
Quinto
Período - La Religión en los Estados Unidos..................55
Palabras
Finales.......................................................................69
Doctrinas
Fundamentales..........................................................71
Resumen..................................................................................73
Algunos
Libros de Referencia...................................................81
PREFACIO
Por Theodore Tweet
El Rastro de la Sangre relata la historia bautista, preservada a
veces aun por autores protestantes y católicos, al ver que los bautistas fieles
preferían morir antes de negar la Biblia para acomodarse a la moda. A través de los siglos, la afirmación
bautista era: “La Biblia es la única regla de fe y práctica”.
Antes de imprimir esta edición de El Rastro de la Sangre hemos realizado una revisión,
no para cambiar el contenido, sino para clarificar y facilitar la lectura. Lo que originalmente era la “Introducción”
por el Pastor Clarence Walker ya aparece al fin del librito como “Resumen”.
Además, anotamos una explicación en las
páginas 6, 30 y 71 donde el autor escribió: “... sólo
el Nuevo Testamento había de ser la regla y guía en asuntos de fe y de
conducta, no sólo para la iglesia como organismo, sino para cada miembro de
ella”.
(Nota del traductor: Los
bautistas verdaderos siempre han dicho que toda la Escritura es la Palabra de
Dios y es la única regla de fe y práctica, tanto el Antiguo Testamento como el
Nuevo, 2 Timoteo 3:16-17. (La Confesión de Fe de Londres de 1689, Una Confesión Bautista,
Capítulo 1, “Las Santas Escrituras”) Sin embargo, la iglesia de
Cristo es una institución que no empezó sino hasta el Nuevo
Testamento. Entonces, sólo allí se
encuentra el origen, reglas y prácticas de las iglesias del Señor. Es un error, pues, por parte de los católicos
o protestantes referirse a la nación de Israel como patrón para una iglesia,
por lo cual se les confunde a ellos con respecto a la ordenanza
del bautismo, etc. y les induce a anhelar y justificar la unión de Iglesia y
Estado, pero los bautistas siempre se oponían a tal unión.)
La unión de Iglesia y Estado
quería decir que:
1. El gobierno sólo reconocía un
tipo de iglesia. Los que no estaban de
acuerdo sufrían la persecución y muchas veces, la pena de muerte.
2. El sueldo de los pastores, así
como de los políticos, fue pagado por el gobierno con los impuestos del Estado.
Al imprimir El Rastro de la Sangre en español por primera vez en 1976, el
pastor M. L. Moser, Jr. ofreció el siguiente comentario:
“El mundo tiene una
gran deuda con los bautistas; una deuda que nunca se puede pagar. Los bautistas siempre han sido los campeones
de la libertad religiosa y política. El
precio que los bautistas han pagado durante los años desde el tiempo que
Jesucristo instituyó la primera Iglesia Bautista en Jerusalén hasta ahora, no
puede ser contado en términos terrenales.
Aún sacados de sus casas,
vendidos en los mercados de esclavos, ahogados en los ríos, hervidos en aceite,
quemados vivos en estacas y muy perseguidos, los bautistas han permanecido
leales y fieles al evangelio de nuestro Señor Jesucristo... La Biblia habla con autoridad final a los
bautistas”.
EL RASTRO DE LA SANGRE
La Investigación de las Huellas de los Cristianos A
Través de los Siglos
Desde el Tiempo de Cristo Hasta la Actualidad
O
La Historia de las Doctrinas Enseñadas por Cristo y
sus Apóstoles,
y los que les Fueron Leales
PRIMERA DISERTACIÓN - Cristo
Empezó Su Iglesia
“Acuérdate de los tiempos antiguos, Considera
los años de muchas generaciones; Pregunta a tu padre, que él te declarará; A
tus ancianos, y ellos te dirán”. (Deuteronomio 32:7)
1. Lo que hoy conocemos como “el
cristianismo” o “la religión cristiana” comenzó con Cristo en el año 30 de
nuestra era en tiempo del Imperio Romano y dentro de sus límites, el cual era
uno de los mayores imperios que el mundo haya conocido en el curso de toda su
historia.
2. Ese imperio, en aquella época, comprendía
casi todo el mundo entonces conocido y habitado. El emperador reinante era Tiberio Cesar.
3. En cuanto a religión, el Imperio Romano era pagano. Sus numerosos dioses eran unos físicos y otros imaginarios. Había asimismo muchos creyentes y devotos. Esa religión era no sólo la religión del pueblo, sino la del Imperio, y como tal estaba sostenida y protegida por el Estado. (Mosheim, tomo I, cap. 1)
4. El pueblo judío, que en ese período ya no constituía una nación aparte, se hallaba desparramado por el Imperio Romano. Sin embargo, ese pueblo todavía tenía el templo de Jerusalén, donde podía rendir culto a Dios; pues todavía se mostraba celoso por su religión; pero, a semejanza de los paganos, hacia largo tiempo que había caído en el formalismo y perdido su influencia. (Mosheim, tomo I, cap. 2)
5. Como la religión de Cristo no es una
religión de este mundo, su fundador no le dio ninguna cabeza terrenal, ni poder
temporal. Y así, ella no buscó
establecerse oficialmente, ni recibir el sostén ni el apoyo del Estado; tampoco
trató de destronar al César. Y así tenía
que ser, de acuerdo con la doctrina del Señor:
“Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios”. (Mateo 22:19-22; Marcos 12:17; Lucas
20:20) Desde que el cristianismo es una
religión espiritual, ya no puede ser el rival de ningún gobierno terrenal. Por
el contrario, se les enseñó a sus fieles a respetar a las autoridades y a
observar las leyes. (Romanos 13:1-7; Tito 3:1; l Pedro 2:13-16)
6. Deseo llamar ahora su atención a algunas
de las características o marcas de esta religión. Si queremos remontarnos hasta su origen, a
través de sus largos veinte siglos, y especialmente a lo largo de los mil
doscientos años de la triste Edad Media, anegada por ríos de sangre de
mártires, nos será preciso conocer bien las marcas, a fin de orientarnos. A medida que avancemos, hallaremos que esas
marcas han sido muchas veces horriblemente desfiguradas; pero siempre daremos
con alguna que haya resultado imborrable.
Estemos, pues, sobreaviso, con cuidado y oración. Desde luego, hallaremos muchos engaños y
simulaciones, “de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los
escogidos”. (Mateo 24:24; Marcos
13:22)
Pero así y todo, necesitamos seguir, de ser
posible, sus huellas, valiéndonos de los datos históricos dignos de fe y, con
especialidad, de los aportados por las palabras y las marcas de la divina
verdad.
Algunas Marcas Infalibles E Indefectibles
Si al descender a través de los siglos, damos
con un grupo o grupos que no posean las marcas o señales que se dan a
continuación y que enseñan otras cosas como doctrinas fundamentales, ¡cuidado!
1. Cristo, el fundador de esta religión,
constituyó a sus discípulos en iglesia.
Los discípulos a su vez habían de constituir otras iglesias a medida que
esta religión se extendiese y se “hiciesen” otros discípulos. (Sucesiones Bautistas, Ray, Edición
Revisada, cap. 1)
2. Este organismo o iglesia tenía, de acuerdo
con las Escrituras y la práctica de los apóstoles y de las primeras iglesias, dos
clases de ministros o funcionarios, y sólo dos: pastores y diáconos. El pastor era llamado obispo. Tanto el pastor como los diáconos habían de
ser elegidos por la iglesia para desempeñarse como servidores de la misma.
3. Las iglesias en asuntos de su gobierno y
disciplina habían de ser enteramente independientes unas de otras. Y así la Iglesia de Jerusalén no había de
tener autoridad alguna sobre la de Antioquía; ni la de Antioquía sobre la de
Éfeso, ni ésta sobre la de Corinto, y así sucesivamente. Su gobierno había de ser congregacional y
democrático; es decir, un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el
pueblo.
4. Cristo le dio a la iglesia dos
ordenanzas y nada más que dos, que son el Bautismo y la Cena del Señor. Esas dos ordenanzas habían de ser perpetuas y
de carácter memorial.
5. Esta iglesia sólo debía recibir en su
seno a miembros que fuesen salvos.
(Hechos 2:47) Estos habían de ser
salvos únicamente por la pura gracia de Dios, y no por virtud de obras de la
ley. (Efesios 2:5, 8-9) Aquellos salvados, y sólo éstos, habían de
ser sumergidos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. (Mateo 28:19)
Y sólo éstos, así recibidos y bautizados, habían de participar de la
Cena del Señor; la Cena había de celebrarse únicamente por la iglesia, formada
por todos sus miembros salvos y bautizados reunidos en armonía.
6. Las Inspiradas Escrituras y nada más
que ellas, de hecho, el Nuevo Testamento y sólo el Nuevo Testamento, habían
de ser la regla y guía en asuntos de fe y de conducta, no sólo para
la iglesia como organismo, sino para cada miembro de ella.
(Nota de traductor: La iglesia
de Cristo es una institución que no empezó sino hasta el Nuevo
Testamento. Entonces, sólo allí se
encuentra el origen, reglas y prácticas de las iglesias del Señor. Sin embargo, los bautistas verdaderos siempre
han dicho que toda la Escritura es la Palabra de Dios y es la única regla de fe
y práctica, tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo, 2 Timoteo 3:16-17. (La Confesión de
Fe de Londres de 1689, Una Confesión Bautista, Capítulo 1, “Las Santas
Escrituras”)
7. Cristo Jesús, el Fundador de ese
organismo y el Salvador de sus miembros, había de ser su único Sacerdote y Rey,
su único Señor y Legislador única, así como la Cabeza de las iglesias.
Las iglesias habían de ser ejecutivas tan sólo para llevar a cabo la
voluntad de su Señor y sus perfectas leyes; jamás habían de ser legislativas
para reformar o abrogar sus antiguas leyes o hacer otras nuevas.
8. Esta religión de Cristo había de ser
asunto puramente personal, individual y voluntario, que se siguiera
mediante la persuasión, y no por fuerza física o gubernativa; había de ser
asunto de decisión personal. “Escoged
a quien sirváis” (Josué 24:15) es el requerimiento bíblico. No podría, por tanto, ser aceptada, ni
rechazada, ni observada por sustituto ni por obligación.
9. Nótese bien, que ni Cristo ni sus
apóstoles dieron jamás a sus seguidores ningún nombre denominacional, como
los que hoy se acostumbran, como los de “católico”, “luterano”,
“presbiteriano”, “episcopal”, etc., (a menos que fuese destinado así el
nombre dado por Cristo a Juan, “Bautista” o “Juan el Bautista,” mencionado
en Mateo 11:11 y diez o doce veces más).
Cristo llamó al individuo que le seguía “discípulo”. Dos o tres de ellos fueron llamados
“discípulos”. A la congregación de
discípulos, sea en Jerusalén, o en Antioquía o en otras partes, se le
llamó iglesia. Y siempre que se
aludía a más de uno de estos distintos organismos, se los llamaba “iglesias”;
pues la palabra iglesia usada en singular nunca se la empleaba para referirse a
más de uno de estos organismos, ni siquiera se hacía eso al referirse a todos
ellos.
10. Me permito señalar otra característica o
marca distintiva, a saber, la completa separación de la Iglesia y el Estado. Ninguna combinación o mezcla tiene que
hacerse entre esta religión espiritual y el gobierno temporal. A esto hay que añadir que las iglesias de
Cristo creen en la “completa libertad religiosa” para todo el mundo.
Antes de proceder con la historia, permítame
llamar su atención a:
El Gráfico de la Historia
Creo que un estudio cuidadoso del gráfico le
puede hacer entender mejor la historia, y ayudarle a retener en memoria lo que
oye y ve. El gráfico enseña un período
de 2000 años de historia religiosa. Note
en la parte superior así como la inferior los mismos números: 100, 200, 300,
etc. hasta 2000. Los números significan
los veinte siglos del tiempo, separados por las divisiones verticales.
Cerca de la parte inferior hay una sección
horizontal manchada y oscura, representando la Edad Media. Allí están los nombres de países... Italia,
Gales, Inglaterra, África, España, Francia, etc. hasta América. Son los países donde ocurrió mucha historia
especial durante el período indicado, aunque en algunos países la historia
eclesiástica se hizo en todos los siglos.
Arriba de los nombres de países, aparecen los
sobrenombres de iglesias, asignados a ellas por sus enemigos. “Cristianos” es el primero. “Y a los discípulos se les llamó
cristianos por primera vez en Antioquia”.
(Hechos 11:26) Eso ocurrió cerca
del año 43. O los paganos o los judíos
les llamaban ese nombre en burla. Todos
los demás nombres en la misma línea fueron dados por lo mismo: Montanistas,
Novacianos, Donatistas, Paulicianos, Albigenses, Valdenses, Ana-bautistas,
etc. En el curso de las disertaciones se
mencionan estos grupos muchas veces.
Los círculos rojos regados en todo el gráfico
representan iglesias en Asia, África, Europa, en las montañas y valles,
etc. Su color indica la sangre de
mártires. Cristo su fundador murió en la
cruz. Todos los apóstoles menos dos, Judas
y Juan, sufrieron la muerte de mártir.
Judas traicionó al Señor y murió suicidado. El apóstol Juan, según la historia, sufrió
por el evangelio en la isla llamada Patmos, pero después regresó a Éfeso y allí
falleció de una muerte natural a los 80 años.
Los círculos negros también representan
iglesias, pero las iglesias errantes que se desviaron en práctica o doctrina. Ya existían un número de ellas aun antes de
la muerte de Pedro, Pablo y Juan.
Al
concluir con la introducción y algunos preliminares, nos dirigimos a la
historia.
PRIMER PERÍODO - Desde el año 30
al 500
1. Debido al extraño, bien que maravilloso,
impulso y dirección de Juan el Bautista, el elocuente pregonero del desierto, y
al amoroso contacto y la milagrosa eficacia del poder de Cristo, así como a la
admirable predicación de los apóstoles y de sus inmediatos sucesores, la
religión cristiana se propagó de modo extraordinario durante los primeros
quinientos años de su existencia, dejando, eso sí, un horrible rastro de sangre
tras sí. El judaísmo y el paganismo se
opusieron con fiereza a todo movimiento de avance. El primero de los grandes guías cuya vida fue
sacrificada fue Juan el Bautista, siendo decapitado. Poco después, le siguió el mismo Salvador,
fundador de esa religión, muriendo de cruel muerte de cruz.
2. A continuación del Salvador, y en rápida
sucesión, fueron martirizados muchos otros héroes. Esteban fue lapidado; Mateo, muerto en
Etiopía; Marcos, arrastrado por las calles, hasta que murió; Lucas, ahorcado;
Pedro y Simeón, crucificados; Andrés, atado a una cruz; Santiago, decapitado;
Felipe, crucificado y apedreado; Bartolomé, desollado vivo; Tomás alanceado;
Santiago el Menor, arrojado de lo alto del templo al pavimento, causándole la
muerte; Judas y Matías fueron apedreados; y Pablo, decapitado.
3. Habían transcurrido ya más de cien años
cuando estas cosas sucedieron. Esa fiera
persecución del judaísmo y el paganismo prosiguió durante dos o tres siglos
más. Con todo, la religión cristiana se
propagó de una manera extraordinaria por todo el Imperio Romano: Europa, Asia,
África, Inglaterra, Gales y muchas otras partes donde había alguna
civilización. Las iglesias se
multiplicaban sobremanera, los discípulos crecían continuamente; pero algunas
iglesias siguieron el error.
4. La primera desviación de las enseñanzas
del Nuevo Testamento comprendió el sistema de gobierno y la doctrina. Durante los dos primeros siglos, las iglesias
locales se multiplicaron rápidamente; y algunas de las más antiguas (como la de
Jerusalén, la de Antioquía, Efeso, Corinto, etc.) crecieron tanto que llegaron
a ser muy grandes; Jerusalén por ejemplo, llegó a tener muchos millares de
miembros (Hechos 2:41; 4:4; 5:14). Es
probable que su número oscilase entre 25,000 y 50,000 o más. Una persona que estudie atentamente el libro
de los Hechos y las Epístolas verá que Pablo tuvo una formidable tarea en su tiempo
para hacer que algunas iglesias marchasen bien.
Véase las profecías de Pedro y de Pablo tocante al futuro (2 Pedro 2:12;
Hechos 20:29-31; Apocalipsis, capítulo 2 y 3).
Esas grandes iglesias tenían, por necesidad,
muchos predicadores o ancianos (Hechos 20:17.)
Ello dio lugar a que algunos de los obispos o pastores comenzasen a
asumir una autoridad que no les concedía el Nuevo Testamento, como la de
ejercer autoridad sobre otras iglesias más pequeñas. Los tales obispos, con sus numerosos ancianos
o presbíteros, comenzaron a enseñorearse de la heredad del Señor. “Pero Diótrefes, al cual le gusta tener el
primer lugar entre ellos, no nos recibe”.
(3 Juan, versículo 9) He aquí el
comienzo de un error que ha tomado cuerpo y multiplicado muchos otros errores
graves y peligrosos. Aquí tenemos
también el comienzo de las varias órdenes en el ministerio, las que fueron
multiplicándose hasta alcanzar al número existente actualmente en el
catolicismo y otros cuerpos religiosos.
Esto fue el punto de partida que acabó con la forma democrática de
gobierno de la iglesia, existente en las iglesias primitivas. Esta irregularidad, aunque en pequeña escala,
comenzó a fines del siglo segundo. Es
probable que ésta haya sido la más grave desviación del orden eclesiástico del
Nuevo Testamento.
5. Otro cambio vital que, según se desprende
de la historia, ha tenido lugar a fines del siglo segundo, es el relacionado
con la gran doctrina de la salvación.
Los judíos, lo mismo que los paganos, habían sido enseñados, por muchas
generaciones, a dar gran importancia a las ceremonias. Habían llegado a mirar los tipos y sombras
como sustancias reales; y las ceremonias como verdaderos agentes o medios de
salvación. Es lo que sucedió con el
bautismo. Sin duda, se dijeron: La Biblia
habla mucho del bautismo. En ella se
hace mucho hincapié sobre esa ordenanza y de la necesidad de obedecerlo. Seguramente que ello se debe a que esa
ordenanza tiene algo que ver con la salvación.
El resultado fue que en ese periodo la idea de la regeneración bautismal
llegó a predominar en algunas iglesias. (Shackelford,
p.57; Camp, p.47; Benedict, p.286; Mosheim, tomo 1, p.134; Christian, p.28)
6. Otro grave error que comenzó a infiltrarse
y que, según algunos historiadores, comenzó en este mismo siglo, y del que
posiblemente fue una inevitable consecuencia de la idea de la regeneración
bautismal, fue el del cambio de los sujetos del bautismo. Y así, no bien se consideró a esa ordenanza
como agente o medio de salvación, se juzgó que cuanto más pronto se lo
recibiese, tanto mejor. Tal fue el
origen del bautismo infantil.
Antes de eso, los “creyentes,” y sólo los “creyentes,” eran considerados
como los únicos sujetos propios de esa ordenanza. Referente a “rociar” o “echar un poco de
agua,” ninguna referencia se hace a ellas todavía, y ello en razón de que esas
formas de bautizar fueron adoptadas mucho más tarde; pues los infantes eran sumergidos,
al igual que los adultos, durante varios siglos. Esa costumbre todavía prevalece entre los
griegos ortodoxos (rama grandísima de la Iglesia Católica) hasta nuestros días,
sin que jamás hayan cambiado la forma original de bautizar. Verdad es que los griegos practican el
bautismo infantil, pero también lo es el que nunca los han bautizado de otra
manera que sumergiéndolos.
Nota: Algunos historiadores colocan el
comienzo del bautismo infantil dentro de ese siglo; pero citaré, como
refutación, un corto párrafo de la obra, Investigaciones
Eclesiásticas
por Robinson:
“Durante los tres primeros
siglos, las congregaciones de todo el oriente se mantuvieron como cuerpos
independientes, sin recibir ayuda pecuniaria alguna del gobierno, y sin ejercer
ningún poder o autoridad secular una sobre otra. Durante todo aquel tiempo las iglesias eran
bautistas; y aunque todos los líderes de la iglesia de los primeros cuatro
siglos, hasta Jerónimo (en el año 310) eran griegos, sirios y africanos, y
dejaron gran numero de relatos del bautismo de adultos; con todo, no se halla
ni uno siquiera del bautismo de un niño hasta el año de 370”. (Robinson, p. 55;
Shackelford, Compendio de la Historia de los Bautistas, p. 43;
Vedder, p. 50; Christian, p. 31; Orchard, p. 50, etc.)
7. Recuérdese que cambios semejantes a los
mencionados aquí; no se hicieron en un día ni en un año, sino que se fueron
realizando poco a poco, y nunca en todas las iglesias. Algunas de ellas los repudiaron
enérgicamente. Tanto es así que el año
251 las iglesias que se mantuvieron fieles rompieron la comunión con las que
aceptaron y practicaron tales errores. Esa fue la primera separación oficial
efectiva entre las iglesias.
8. Debe advertirse que durante los tres
primeros siglos comenzaron tres cambios importantes y vitales de las enseñanzas
de Cristo y sus apóstoles. También ocurrió un evento significativo.
Nótese esta sumaria recapitulación:
(1) El apartarse de la idea
neo-testamentaria del obispo y del gobierno eclesiástico (Este cambio se
extendió rápidamente, y se hizo cada vez más evidente y dañoso).
(2) El apartarse de las enseñanzas
del Nuevo Testamento tocante a la regeneración, por la regeneración
bautismal
(3) El cambio del bautismo de
creyentes por el bautismo infantil
(Este último, sin embargo, no se hizo general ni muy frecuente por más
de un siglo).
9. La regeneración bautismal y
el bautismo infantil. Estos
dos errores, según el categórico testimonio de la historia, causaron más
derramamiento de sangre de cristianos en el transcurso de los siglos que todos
los otros errores combinados, o probablemente que todas las guerras (no
relacionadas con las persecuciones), si se exceptúa la reciente guerra mundial
(en los años 1914-1918). Más de
cincuenta millones de cristianos sufrieron el martirio, principalmente por
haber rechazado estos dos errores durante el sombrío período de la Edad Media,
esto es, en el lapso de doce o trece siglos.
(La Ley de Dios, por William S. Plumer, autor presbiteriano,
Harrisonburg, Virginia, E.U., Sprinkle Publications, 1996; reimprimido de
edición de 1864, página 450)
10. La historia nos refiere que durante estos
tres primeros siglos existían tres significativas características en la gran
mayoría de las iglesias:
(1) Las iglesias separadas e
independientes las unas de las otras
(2) Los obispos (pastores) conocidos
por un carácter servicial
(3) El bautismo de creyentes
únicamente
Citaré a Mosheim, el más grande de todos los
historiadores luteranos, tomo I, p.71 y 72:
“Quien quiera que suponga que
los obispos del Siglo de Oro de la iglesia eran semejantes a los de los siglos
posteriores, no hará sino una mezcla y confusión de caracteres muy diferentes,
porque en éste y en el siguiente siglo, un obispo tenía a su cargo una sola
iglesia, que ordinariamente podía reunirse en una casa particular; tampoco era
su amo o señor, sino sólo su ministro o servidor. En estos tiempos primitivos, todas las iglesias
eran independientes, es decir, que ninguna estaba sujeta a la jurisdicción de
otra. Pues aunque las iglesias que
habían sido fundadas por los apóstoles habían honrado a éstos, consultándolos
en casos dudosos, sin embargo, no tenían ni autoridad judicial, ni dominio
sobre ellas, ni facultad para dictarles leyes.
Por el contrario, tan evidente es que las iglesias tenían iguales
derechos, como la luz de mediodía, encontrándose en el mismo plano de
igualdad”.
11. Sin embargo, hasta este período, el cristianismo,
no obstante sus muchas y graves persecuciones, se había propagado
maravillosamente, hasta el punto de extenderse hasta más allá del Imperio
Romano, con el resultado de que casi todo el mundo habitado había oído el
Evangelio. Es más; según algunos
historiadores eclesiásticos, muchas de las iglesias fundadas por los apóstoles
se hallaban en esta época todavía intactas, y fielmente apegadas a las
enseñanzas apostólicas. Sin embargo,
como ya se ha dicho, un número de grandes y dañosos errores habían penetrado y
perpetuado en no pocas iglesias, lo que hizo que el estado de algunas fuese muy
irregular.
12. En este período, las persecuciones fueron
cada vez más fieras. A principios del
siglo cuarto, es quizá cuando apareció el primer mandato gubernamental contra
los cristianos declarado por el Emperador Galerio. El crecimiento tan maravilloso del
cristianismo alarmó a los líderes paganos del Imperio Romano. Eso dio lugar al mandato el 24 de febrero de
303. Hasta ese entonces, el paganismo
había perseguido a los cristianos sin que ninguna ley lo ordenara.
13. Pero ese mandato fracasó en su propósito
de detener el progreso del cristianismo, y el mismo Emperador Galerio, que lo
había promulgado, publicó otro, ocho años más tarde, en el año 311, anulando el
primero, y concediendo a los cristianos la debida tolerancia para practicar su
religión. Es probable que este mandato
haya sido el primero en favorecerlos.
14. A principios del año 313, el cristianismo
alcanzó una histórica victoria sobre el paganismo, con motivo de haber
ascendido al trono imperial de los Césares un nuevo emperador. Este, que no era otro que Constantino, no
tardó en caer en la cuenta de que el cristianismo poseía un misterioso poder,
al continuar propagándose, a pesar de las persecuciones.
Cuenta la historia que ese monarca tuvo una
maravillosa visión. Se dice que vio en el cielo una cruz de fuego, y sobre ella
estas ardientes palabras: “Con ésta vencerás”.
Él las interpretó en el sentido de que debía hacerse cristiano, renunciar
al paganismo, unir al poder temporal del Imperio Romano el poder espiritual de
la religión cristiana, para que el mundo fuese fácilmente conquistado. De ese modo la religión cristiana llegaría a
ser de hecho la religión del mundo entero, y el Imperio Romano, un imperio
universal.
15. Todo esto dio lugar a un descanso, un
entendimiento y una alianza entre el Imperio Romano y la religión cristiana,
mediante la intervención del emperador.
Las palabras de este contrato matrimonial fueron éstas: “Dadnos vuestro
poder espiritual, y nosotros os daremos nuestro poder imperial”.
16. Para efectuar y consumar esa impía unión,
se convocó a un concilio. Esa
convocatoria tuvo lugar el año 313; en ella se invitaba a las iglesias
cristianas o a sus representantes a esa asamblea. Muchas fueron las que acudieron al llamado,
pero no todas.
Resultado: que no sólo se consumó la alianza
entre la Iglesia y el Estado, sino que se creó una Jerarquía, la cual, al
organizarse, destronó a Cristo como cabeza de las iglesias, y puso al Emperador
Constantino (aunque sólo temporalmente) en lugar de Cristo, como cabeza de las
iglesias.
17. La Jerarquía fue el principio exacto de
un proceso que trajo como resultado final lo que ahora se conoce como la
Iglesia Católica o Universal. Cabe decir
de ella que su exacto comienzo tuvo lugar a fines del siglo segundo y comienzos
del tercero, cuando las nuevas ideas acerca de los obispos y el gobierno
prelaticio de la iglesia comenzaron a darse a conocer.
18. Téngase muy presente que cuando Constantino
convocó el concilio, hubo muchos cristianos (bautistas) y muchas iglesias que
rehusaron acudir, por ser contrarios a toda unión entre la Iglesia y el Estado,
al gobierno religioso centralizado y al gobierno jerárquico o de prelados, por
ser eso opuesto al gobierno congregacional.
Ni esos cristianos (bautistas) ni esas iglesias formaron parte ni
entonces ni más tarde en la Jerarquía de la Denominación Católica.
19. Cuando se creó esa jerarquía,
Constantino, que fue reconocido como cabeza de ella, aún no era cristiano. Había convenido en serlo, sí, pero como las
extraviadas e irregulares iglesias que habían entrado con él en esa
organización habían adoptado el error de la regeneración bautismal, surgió en el
ánimo del emperador una tremenda duda: “Si yo soy salvo” - se dijo –“de mis
pecados mediante el bautismo, ¿cómo me salvaré de los que pueda cometer después
de bautizarme?” Es decir, que
suscitó una cuestión que ha confundido a todas las generaciones subsiguientes:
¿Puede el bautismo lavar los pecados aún no cometidos? O, ¿se lavan los pecados
cometidos antes del bautismo mediante un procedimiento, a saber, el
bautismo, y los cometidos después, mediante otro?
20. No pudiendo resolver satisfactoriamente
las muchas cuestiones que surgieron de su mente, Constantino decidió,
finalmente, unirse a los cristianos, pero aplazando su bautismo hasta el
momento de su muerte, a fin de que todos sus pecados pudieran ser lavados de
una vez; de ahí que no fuese bautizado sino hasta poco antes de morir.
21. La conducta de Constantino de repudiar la
religión pagana, que era la de todo el imperio, para aceptar la cristiana, le
provocó el desagrado del Senado Romano, el cual repudió su proceder, o, cuando
menos, se opuso a él. Esa oposición del
Senado indujo a Constantino a trasladar la capital del imperio de Roma a
Bizancio, una antigua ciudad que él reedificó y a la que llamó Constantinopla
en honor suyo. El resultado fue que hubo
dos capitales del imperio: Roma y Constantinopla. Estas dos ciudades, que fueron rivales por
muchos siglos, llegaron a ser más tarde el asiento de la autoridad religiosa de
la Iglesia Católica, dividida en dos ramas: la griega y la romana.
22. Hasta el establecimiento de la jerarquía
y la unión de la Iglesia con el Estado, todas las persecuciones fueron
realizadas, ya por el judaísmo, ya por el paganismo. Ahora se produce un tremendo cambio: los
cristianos (de nombre) comienzan a perseguir a los cristianos que no están de
acuerdo con ellos.
Constantino, que deseaba que todos los cristianos
compartieran con él su idea de una religión del estado, comenzó a echar mano de
su poder imperial para reprimir a los muchos creyentes que por razones de
conciencia se oponían a esa grave desviación de las enseñanzas del Nuevo
Testamento.
Tal fue el comienzo de los días y años, y aún
siglos, de dura y fiera persecución contra todos los cristianos que se
mantuvieron leales a las enseñanzas originales de Cristo y sus apóstoles.
23. Téngase presente que estamos refiriendo
sucesos que ocurrieron entre los años 300 y 500. La jerarquía, establecida bajo la dirección
de Constantino, se transformó rápidamente en lo que ahora se conoce como la
Iglesia Católica. Esta recién
transformada iglesia, unida al poder temporal, ya no es sencillamente un
elemento ejecutivo para cumplir las perfectas leyes del Nuevo Testamento, sino
que comenzó a asumir un carácter legislativo, que corrige o anula las
antiguas leyes o promulga otras nuevas completamente desconocidas para el Nuevo
Testamento.
24. Una de sus primeras disposiciones
legislativas, y que más subversivos resultados produjo, fue el establecimiento
por ley del bautismo infantil.
En virtud de esta nueva ley, el bautismo
infantil se hizo obligatorio. Esto
ocurrió en el año 416. Un siglo antes de
ésto, no era frecuente el bautismo de niños.
Pero no bien esta nueva ley fue hecha efectiva, fueron abrogadas dos
leyes vitales del Nuevo Testamento, a saber: el bautismo de creyentes y
la obediencia voluntaria del candidato al mismo.
25. Como consecuencia inevitable de esta
nueva doctrina y esta nueva ley, estas extraviadas iglesias prontamente se
llenaron de miembros inconversos. El
resultado fue que no pasaron muchos años antes de que la mayoría de sus
miembros fuesen inconversos. Este estado de cosas hizo que los grandes
intereses del gran reino espiritual de Dios estuviesen en manos de elementos no
regenerados. ¿Qué podía esperarse de
esta situación?
26. Desde luego, los creyentes y las iglesias
leales rechazaron esta nueva ley; pues para ellos, la única ley válida era la
del bautismo de creyentes, por ser el único bautismo neo-testamentario. Y así, no sólo rehusaron bautizar a sus
hijos, sino que, creyendo, como creían, en el bautismo de creyentes, rehusaron
el bautismo administrado por las iglesias de esa organización
anti-bíblica. De manera que si uno de
los miembros de esas iglesias extraviadas deseaba unirse a alguna de las que
habían rehusado plegarse a la nueva organización, se le exigía que diese
pruebas de genuina conversión, y se rebautizase.
27. Esta conducta de parte de las iglesias
leales pronto incurrió en el furioso desagrado de los devotos de la religión
del estado, muchos de los cuales, si no los más de ellos, no eran genuinos
cristianos.
Sin embargo, a partir de ese momento, se les
negó el nombre de “cristianos” a los que integraban las iglesias leales que
rehusaban aceptar los nuevos errores. Es
más: no sólo fueron despojados de ese nombre, sino que se les puso muchos otros
nombres, de manera que unas veces eran llamados por uno o por otro; Y así se
les llamó “montanistas”, “tertulianistas”, “novacianos”, “petrobrusianos”,
etc.; Y algunos, al menos, a causa de su practica de rebautizar a los que
habían sido bautizados en la infancia, fueron denominados “ana-bautistas”.
28. El año 426, exactamente diez años después
de haberse establecido con fuerza de ley el bautismo infantil, comenzó el
horrible período conocido como la Edad Media.
¡Qué horrible período fue ese! ¡Cuán
tenebroso y sangriento fue! Durante diez
siglos, a partir de ese entonces, el rastro del cristianismo leal se halla
regado por su misma sangre. Hay muchos
nombres llevados por los perseguidos. A
veces esos nombres les fueron dados debido a algún jefe heróico que los
acaudillaba; y otras debido a otras causas.
Ocurría a veces que el mismo pueblo era designado en cada país con
distinto nombre.
29. Fue a principios de la Edad Media cuando
comenzó el papado, en la persona de León I durante los años 440-461. No fue, sin embargo, entonces cuando se usó
por primera vez el título de “Papa”. Ese
título, lo mismo que el de “Iglesia Católica”, fue ampliado. El nombre aparece aplicado por primera vez al
obispo de Roma entre los años 296 y 304.
El primero en adoptarlo formalmente fue Siricio, obispo de Roma del año
384 al 408. Luego fue adoptado
oficialmente por León I durante los años 440-461. Después, fue universalmente reclamado por
todos los obispos en el año 707, hasta que Gregorio VII, unos siglos más tarde,
declaró que ese título era exclusivo del papa.
30. Recapitulemos ahora los sucesos más
significativos de este primer período de quinientos años:
(1) El cambio gradual del gobierno
democrático por uno de carácter prelaticio
(2) El cambio de la salvación por
gracia por la salvación bautismal
(3) El cambio del bautismo de
creyentes por el bautismo infantil
(4) La Jerarquía: unión o maridaje de la Iglesia y el Estado
(5) La capital del imperio
trasladada a Constantinopla
(6) El bautismo infantil establecido
por ley y declarado obligatorio
(7) Los “cristianos” comenzando a
perseguir a los cristianos
(8) La Edad del Oscurantismo
comenzado en el año 426
(9) La espada y la antorcha, más
bien que el Evangelio, llegando a ser el poder de “Dios” para salvación
(10)Todo resto de “libertad
religiosa” acabó por morir (Se la entierra; y enterrada queda por varios
siglos).
(11)Las iglesias leales al Nuevo
Testamento (conocidas por muchos nombres)
perseguidas sin tregua ni descanso por el poder temporal de la nueva
Iglesia Católica; creyentes dispersados por todo el mundo buscando refugio (poco
seguro) en los lugares más ocultos de los bosques, las montañas, los valles,
los escondrijos y cavernas de la tierra
SEGUNDO PERÍODO - Desde el año
600 al 1300
1. Hemos terminado la primera disertación en
el siglo quinto. Sin embargo, un buen
número de sucesos que no se mencionaron en la primera disertación tuvieron su
principio en los primeros siglos de nuestra era.
Hemos llegado al horrendo período, designado
por la historia universal como la Edad Media o del oscurantismo. Porque fue de veras una época tenebrosa,
sangrienta y horrenda en extremo.
Las persecuciones de la Iglesia Católica
Romana fueron crueles y continuas. La
guerra de exterminio intencional que prosiguió sin interrupción y de una manera
implacable en muchos países, hizo que muchos creyentes huyesen a otras tierras,
no dejando tras sí más que un reguero
de sangre, por
doquiera que iban. Esto se vio
especialmente en Inglaterra, Gales, África, Armenia y Bulgaria, y donde quiera
que había cristianos que se mostraban sinceros y rigurosamente leales al Nuevo
Testamento.
2. Volvamos ahora nuestra atención a los
concilios llamados “ecuménicos” o “imperiales.”
Conviene tener presente que todos esos sínodos se celebraron
supuestamente a semejanza del de Jerusalén celebrado por los apóstoles y otros
(véase Hechos 15:1); pero no se parecieron en nada, a pesar de llamarse del
mismo nombre, “concilios”.
Fijaremos nuestra atención ahora tan sólo en
ocho de ellos, los que fueron convocados por los emperadores; no por los
papas. Todos estos concilios fueron
celebrados en el oriente, es decir, por iglesias del rito griego, si bien
asistieron a ellos representantes de la rama occidental o romana de la iglesia.
3. El primero de esos concilios se celebró en
Nicea, en el año 325, y fue convocado por Constantino el Grande, al que asistieron
318 obispos.
El segundo fue el de Constantinopla,
celebrado en el año 381, y fue convocado por el emperador Teodosio el
Grande. A este asistieron 150
obispos. (Téngase presente que en los primeros
siglos del cristianismo, los obispos no eran otra cosa que los pastores de las
iglesias locales).
El tercero fue convocado por Teodosio II y
Valentiniano III. A este concurrieron
250 obispos, siendo celebrado en Efeso, en el año 431.
El cuarto se celebró en Calcedonia, en el año
451, convocado por el emperador Marciano; concurrieron a él entre 500 y 600
obispos metropolitanos (estos eran pastores de ciudades principales o pastores
de las principales iglesias). En este
concilio fue promulgada la doctrina de lo que ahora se conoce como mariolatría,
es decir, el culto a Maria, la madre del Señor. Al principio, esta doctrina causó mucha
agitación; pues muchos opusieron a ella serios reparos. Con todo, acabó por imponerse como doctrina o
dogma permanente de la Iglesia Católica.
El quinto de estos ocho concilios se realizó
en Constantinopla. Este fue el segundo
celebrado en aquella ciudad. Lo convocó
Justiniano, en el año 553, al que asistieron 165 obispos, y parece, fue celebrado
principalmente para condenar ciertos escritos.
El sexto concilio fue convocado en el año 680
por Constantino Pogonato, y celebrado, como el anterior, en Constantinopla,
para condenar la herejía. Este concilio
condenó también al Papa Honorio, al que depuso y excomulgo. Desde luego, la infalibilidad aún no había
sido declarada.
El séptimo concilio se reunió en Nicea, en el
año 787. Fue este el segundo celebrado
en esa ciudad. Fue convocado por la
Emperatriz Irene. Al parecer, fue en
este concilio donde se originó el culto a las imágenes y a los santos. Como podéis verlo, esos “padres” se hicieron
más paganos que cristianos.
El último de los llamados “concilios
orientales” convocados por los emperadores, tuvo lugar en Constantinopla, en el
año 869. Fue convocado por el emperador
Basilio I, el Macedonio. La Iglesia
Católica pasaba entonces por una seria dificultad, causada por la controversia
entre las dos cabezas del catolicismo (la oriental y la occidental, o sea la
griega y la latina), a saber, Focio de Constantinopla y Nicolás I de Roma. Tan grave fue la contienda que los dos se
excomulgaron mutuamente, de suerte que, durante un corto tiempo, el catolicismo
estuvo sin cabeza. El objeto del
concilio fue, de consiguiente, el de arreglar ese asunto. Pero tan definitiva fue esa ruptura entre las
dos ramas del catolicismo, que hasta la hora presente no ha sido posible
restablecer la armonía entre ambas iglesias.
Todos los intentos hechos en ese sentido han fracasado
completamente. Desde ese entonces, el
poder de la curia romana ha ido en aumento.
Desde esa época en adelante, ya no son los emperadores los que convocan
los concilios, sino los pontífices romanos.
Tocante a los concilios posteriores, nos
ocuparemos de ellos más tarde, en el curso de estas disertaciones.
4. Hay una nueva doctrina de la cual no hemos
llamado su atención. Sin duda que
también hay otras que se hallan en el mismo caso, pero hay una especialmente, a
la que yo quisiera llamar su atención, y esa es la de la comunión infantil. En efecto, a los niñitos no sólo se les
bautizaba y recibía en la iglesia, sino que se los suponía capaces de
participar de la Cena del Señor. Pero el
problema que se planteaba era de cómo se les podría administrar; al fin, se
resolvió que mojando el pan en el vino.
Esta forma se observó por mucho tiempo.
Algo más tarde, se añadió otra nueva doctrina a la anterior, la cual decía
que este era otro medio de salvación.
Pero como posteriormente apareció otra nueva enseñanza, volveremos a
referirnos a esta última, algo más tarde.
5. En el concilio de Calcedonia, celebrado en
el año 451, se añadió otra doctrina enteramente nueva, que acrecentó
rápidamente la lista. Fue la doctrina
llamada mariolatría o culto a Maria, la Madre de Jesús. Parece que se sintió la necesidad de un nuevo
mediador, a causa de estimarse demasiado grande la distancia entre Dios y los
hombres para que bastase un solo mediador, aun cuando ese lo fuese Cristo, Hijo
de Dios y Dios-Hombre. Y así se
consideró que se necesitaba de María, como otra mediadora; con lo cual se le
dirigieron oraciones y ruegos, a fin de que ella, a su vez, se los dirigiera a
Cristo.
6. En el siglo octavo, se añadieron a la fe
católica otras dos nuevas doctrinas, las que fueron promulgadas en el segundo
concilio celebrado en Nicea, el que tuvo lugar el año 787. El primero que allí se celebró se le designó
como el concilio del culto a las imágenes, una abierta violación de uno
de los mandamientos divinos, que dice: “No te harás imagen, ni ninguna
semejanza...” (Éxodo 20:3-5) Fue esa
otra añadidura del paganismo, a la que luego siguió la del culto a los
santos. Esta doctrina no tiene base
bíblica alguna. El único ejemplo de
suplica dirigida a un santo que hallamos en la Biblia, dado sin duda para
mostrar lo necio de semejante pedido, es la que el rico dirigió a Abraham. (Lucas 16:24-31) Estos son algunos (no todos) de los numerosos
cambios revolucionarios que se hicieron tocante a las enseñanzas del Nuevo
Testamento en ese período de la historia eclesiástica.
7. Durante el período que acabamos de
recorrer, los perseguidos fueron llamados por muchos y variados nombres, como
“donatistas”, “petrobrusianos”, “cataros”, “paulicianos” y
“ana-bautistas”. Algo más tarde, fueron
llamados “arnoldistas”, “enriqueños”, “albigenses” y “valdenses”. A veces uno de estos grupos sobresalía sobre
los demás, y otras veces, otro. Pero
algunos de ellos casi siempre se destacaron por causa de lo persistente y
terrible de la persecución de que fueron objeto.
8. Pero no se vaya a pensar, sin embargo, que
todos estos perseguidos hayan sido siempre leales en todo sentido a las
enseñanzas del Nuevo Testamento. En lo
esencial, sí lo fueron. .Y algunos, si
se tiene en cuenta las circunstancias que los rodeaban, fueron sorprendentemente
fieles. Téngase presente que muchos de
ellos sólo poseían en aquellos lejanos tiempos partes del Nuevo o del Antiguo
Testamento; pues como los sagrados libros no estaban impresos, sino manuscritos
en pergamino o algo por el estilo, eran grandes y voluminosos. Ello hacía que fuesen pocas - si es que había
alguna - las familias y hasta las simples iglesias que tenían ejemplares
completos de la Biblia. Antes de la
formal terminación del canon, lo cual ocurrió a fines del siglo cuarto, había
muy pocos manuscritos de todo el Nuevo Testamento. De los mil de ellos de que tenemos noticia,
sólo unos treinta contienen todos los libros de que consta el Nuevo Testamento.
9. Además, durante toda la Edad Media y el
período en que arreciaron las persecuciones, se hicieron grandes esfuerzos por
destruir las Sagradas Escrituras, sin excluir los ejemplares que poseían los
propios perseguidos. De ahí que esas
víctimas de la persecución tuviesen, en muchos casos, únicamente algunos
fragmentos de la Biblia.
10. Conviene también advertir que en aras de
impedir la difusión de opiniones contrarias a las de los católicos, se hicieron
planes y se tomaron medidas en ese sentido.
Como primera medida, se dispuso que todos los escritos sin distinción
fuesen recogidos y quemados. Esta medida
se aplicó especialmente a los libros, lo que se hizo con todo rigor y
persistencia, por espacio de varios siglos.
Tal fue, según la historia, la causa principal de que sea tan difícil
lograr datos históricos exactos. Además,
todos los escritores y predicadores que se mostraron inflexibles sufrieron el
martirio. Ese período fue sobremanera
sanguinario; tanto, que todos los grupos heréticos (así eran llamados) que
persistían en sus opiniones, no importa cual fuese su nombre ni donde viviesen,
eran perseguidos. Los donatistas y los
paulicianos se distinguieron entre los primeros grupos. Los católicos, por extraño que parezca, a
todos los que se negaban a hacer causa común con ellos en su desviación de la
fe y a creer en sus errores, los denunciaban como herejes y como a tales los
condenaban. Esos católicos llegaron al
extremo de llegar a ser más paganos y judíos que cristianos, mostrándose más
sumisos y respetuosos al poder civil que al religioso; es más, en vez de
observar las antiguas leyes, crearon otras nuevas.
11. He aquí algunas de las nuevas variaciones
que se produjeron acerca de las enseñanzas del Nuevo Testamento durante todos
esos siglos. Es probable que no siempre
se den en el orden del tiempo de su promulgación porque sería casi imposible
lograr la fecha exacta del comienzo de estos cambios. Ha ocurrido con ellos, sin duda, algo
semejante a todo el sistema católico; ya que son efecto de un desarrollo
gradual. Sus doctrinas o enseñanzas
estuvieron sujetas, en los primeros años, a un constante cambio, mediante adiciones,
sustracciones, sustituciones o anulaciones.
El resultado fue que la Iglesia Católica ya no era, si alguna vez lo
fuese, una iglesia neo-testamentaria. Tampoco era ya un cuerpo meramente
ejecutivo, para cumplir las leyes de Dios, sino que se había convertido en uno
de carácter legislativo, que hace otras nuevas, y que cambia o abroga las
antiguas a su gusto y paladar.
12. Una de sus nuevas doctrinas o
declaraciones dadas a conocer por ese entonces, fue esta: “Fuera de la
iglesia no hay salvación”. Como,
según ellos decían, no había otra iglesia más que la Católica, se seguía que
había que ser católico, o de lo contrario, perderse.
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