El Rastro de La Sangre

 

 

La Investigación de las Huellas de los Cristianos

A Través de los Siglos...

 

Esta es

La Historia de las Iglesias Bautistas

Desde el Tiempo de Cristo,

Su Fundador,... Hasta la Actualidad

 

por J. M. Carroll

 

 

 

El propósito de este librito es dar a conocer la historia de los TESTIGOS FIELES del Señor Jesús, quienes como miembros de la IGLESIA QUE JESÚS EDIFICÓ “... han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte”.  (Apocalipsis 12:11)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Obra original en inglés:

“The Trail of Blood”

Publicado en 1931  por Dr. J. W. Porter

 

Traducido por José M. Rodríguez

Publicado en 1976 en español por

Editorial Challenge

Little Rock, Arkansas   E.U.A.

Pastor M. L. Moser, Jr.

Edición  Revisada realizada

por Julio J. Argüelles y Theodore L. Tweet

San Pedro Sula, Honduras, C.A.

Publicado  en 2002 por

Bryan Station Baptist Church

3175 Briar Hill Road

Lexington, Kentucky   40516

E.U.A.

Pastor Al Gormley   (859) 299-1430

 

Vivimos en una época donde muchos o la mayoría de las Iglesias Bautistas Independientes o Asociadas se han alejado de la enseñanza verdadera de la Iglesia Bautista que el Señor fundó en el Nuevo Testamento.  Los bautistas verdaderos siempre han enseñado y practicado que la asamblea (Iglesia) es local y visible.  La enseñanza de la iglesia universal y la comunión abierta es diferente y extraña a las Escrituras.  Indudablemente hay un abandono de la verdad como indica 2 Tesalonicenses 2:3 y un alejamiento de la fe (apostasía) como se menciona en 1 Timoteo 4:1.

- Pastor Al Gormley

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CONTENIDO

 

Prefacio......................................................................................1

 

Primera Disertación - Cristo Empezó Su Iglesia...........................3

 

Primer Período - Desde el año 30 al 500.....................................9

 

Segundo Período - Desde el año 600 al 1300............................21

 

Tercer Período - Desde el año 1400 al 1600.............................34

 

Cuarto Período - Siglos 17, 18 y 19..........................................45

 

Quinto Período - La Religión en los Estados Unidos..................55

 

Palabras Finales.......................................................................69

 

Doctrinas Fundamentales..........................................................71

 

Resumen..................................................................................73

 

Algunos Libros de Referencia...................................................81

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PREFACIO

Por Theodore Tweet

 

El Rastro de la Sangre relata la historia bautista, preservada a veces aun por autores protestantes y católicos, al ver que los bautistas fieles preferían morir antes de negar la Biblia para acomodarse a la moda.  A través de los siglos, la afirmación bautista era: “La Biblia es la única regla de fe y práctica”.

 

Antes de imprimir esta edición de El Rastro de la Sangre hemos realizado una revisión, no para cambiar el contenido, sino para clarificar y facilitar la lectura.  Lo que originalmente era la “Introducción” por el Pastor Clarence Walker ya aparece al fin del librito como “Resumen”.

 

Además, anotamos una explicación en las páginas 6, 30 y 71 donde el autor escribió: “... sólo el Nuevo Testamento había de ser la regla y guía en asuntos de fe y de conducta, no sólo para la iglesia como organismo, sino para cada miembro de ella”. 

(Nota del traductor: Los bautistas verdaderos siempre han dicho que toda la Escritura es la Palabra de Dios y es la única regla de fe y práctica, tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo, 2 Timoteo 3:16-17.  (La Confesión de Fe de Londres de 1689, Una Confesión Bautista, Capítulo 1, “Las Santas Escrituras”)  Sin embargo, la iglesia de Cristo es una institución que no empezó sino hasta el Nuevo Testamento.  Entonces, sólo allí se encuentra el origen, reglas y prácticas de las iglesias del Señor.  Es un error, pues, por parte de los católicos o protestantes referirse a la nación de Israel como patrón para una iglesia, por lo cual se les confunde a ellos con respecto a la ordenanza del bautismo, etc. y les induce a anhelar y justificar la unión de Iglesia y Estado, pero los bautistas siempre se oponían a tal unión.)

 

La unión de Iglesia y Estado quería decir que:

1.       El gobierno sólo reconocía un tipo de iglesia.  Los que no estaban de acuerdo sufrían la persecución y muchas veces, la pena de muerte. 

2.       El sueldo de los pastores, así como de los políticos, fue pagado por el gobierno con los impuestos del Estado.

 

Al imprimir El Rastro de la Sangre en español por primera vez en 1976, el pastor M. L. Moser, Jr. ofreció el siguiente comentario:

“El mundo tiene una gran deuda con los bautistas; una deuda que nunca se puede pagar.  Los bautistas siempre han sido los campeones de la libertad religiosa y política.  El precio que los bautistas han pagado durante los años desde el tiempo que Jesucristo instituyó la primera Iglesia Bautista en Jerusalén hasta ahora, no puede ser contado en términos terrenales. 

 

Aún sacados de sus casas, vendidos en los mercados de esclavos, ahogados en los ríos, hervidos en aceite, quemados vivos en estacas y muy perseguidos, los bautistas han permanecido leales y fieles al evangelio de nuestro Señor Jesucristo...  La Biblia habla con autoridad final a los bautistas”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL RASTRO DE LA SANGRE

 

La Investigación de las Huellas de los Cristianos A Través de los Siglos

Desde el Tiempo de Cristo Hasta la Actualidad

O

La Historia de las Doctrinas Enseñadas por Cristo y sus Apóstoles,

y los que les Fueron Leales

 

 

PRIMERA DISERTACIÓN - Cristo Empezó Su Iglesia

 

“Acuérdate de los tiempos antiguos, Considera los años de muchas generaciones; Pregunta a tu padre, que él te declarará; A tus ancianos, y ellos te dirán”.  (Deuteronomio 32:7)

 

1. Lo que hoy conocemos como “el cristianismo” o “la religión cristiana” comenzó con Cristo en el año 30 de nuestra era en tiempo del Imperio Romano y dentro de sus límites, el cual era uno de los mayores imperios que el mundo haya conocido en el curso de toda su historia.

 

2. Ese imperio, en aquella época, comprendía casi todo el mundo entonces conocido y habitado.  El emperador reinante era Tiberio Cesar.

 

3. En cuanto a religión, el Imperio Romano era pagano.  Sus numerosos dioses eran unos físicos y otros imaginarios.  Había asimismo muchos creyentes y devotos.  Esa religión era no sólo la religión del pueblo, sino la del Imperio, y como tal estaba sostenida y protegida por el Estado.  (Mosheim, tomo I, cap. 1)

 

4. El pueblo judío, que en ese período ya no constituía una nación aparte, se hallaba desparramado por el Imperio Romano.  Sin embargo, ese pueblo todavía tenía el templo de Jerusalén, donde podía rendir culto a Dios; pues todavía se mostraba celoso por su religión; pero, a semejanza de los paganos, hacia largo tiempo que había caído en el formalismo y perdido su influencia. (Mosheim, tomo I, cap. 2)

 

5. Como la religión de Cristo no es una religión de este mundo, su fundador no le dio ninguna cabeza terrenal, ni poder temporal.  Y así, ella no buscó establecerse oficialmente, ni recibir el sostén ni el apoyo del Estado; tampoco trató de destronar al César.  Y así tenía que ser, de acuerdo con la doctrina del Señor:  “Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.  (Mateo 22:19-22; Marcos 12:17; Lucas 20:20)  Desde que el cristianismo es una religión espiritual, ya no puede ser el rival de ningún gobierno terrenal. Por el contrario, se les enseñó a sus fieles a respetar a las autoridades y a observar las leyes. (Romanos 13:1-7; Tito 3:1; l Pedro 2:13-16)

 

6. Deseo llamar ahora su atención a algunas de las características o marcas de esta religión.  Si queremos remontarnos hasta su origen, a través de sus largos veinte siglos, y especialmente a lo largo de los mil doscientos años de la triste Edad Media, anegada por ríos de sangre de mártires, nos será preciso conocer bien las marcas, a fin de orientarnos.  A medida que avancemos, hallaremos que esas marcas han sido muchas veces horriblemente desfiguradas; pero siempre daremos con alguna que haya resultado imborrable.  Estemos, pues, sobreaviso, con cuidado y oración.  Desde luego, hallaremos muchos engaños y simulaciones, “de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos”.  (Mateo 24:24; Marcos 13:22) 

 

Pero así y todo, necesitamos seguir, de ser posible, sus huellas, valiéndonos de los datos históricos dignos de fe y, con especialidad, de los aportados por las palabras y las marcas de la divina verdad.

 

 

 

 

Algunas Marcas Infalibles E Indefectibles

 

Si al descender a través de los siglos, damos con un grupo o grupos que no posean las marcas o señales que se dan a continuación y que enseñan otras cosas como doctrinas fundamentales, ¡cuidado!

 

1. Cristo, el fundador de esta religión, constituyó a sus discípulos en iglesia.  Los discípulos a su vez habían de constituir otras iglesias a medida que esta religión se extendiese y se “hiciesen” otros discípulos.  (Sucesiones Bautistas, Ray, Edición Revisada, cap. 1)

 

2. Este organismo o iglesia tenía, de acuerdo con las Escrituras y la práctica de los apóstoles y de las primeras iglesias, dos clases de ministros o funcionarios, y sólo dos: pastores y diáconos.  El pastor era llamado obispo.  Tanto el pastor como los diáconos habían de ser elegidos por la iglesia para desempeñarse como servidores de la misma.

 

3. Las iglesias en asuntos de su gobierno y disciplina habían de ser enteramente independientes unas de otras.  Y así la Iglesia de Jerusalén no había de tener autoridad alguna sobre la de Antioquía; ni la de Antioquía sobre la de Éfeso, ni ésta sobre la de Corinto, y así sucesivamente.  Su gobierno había de ser congregacional y democrático; es decir, un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

 

4. Cristo le dio a la iglesia dos ordenanzas y nada más que dos, que son el Bautismo y la Cena del Señor.  Esas dos ordenanzas habían de ser perpetuas y de carácter memorial.

 

5. Esta iglesia sólo debía recibir en su seno a miembros que fuesen salvos.  (Hechos 2:47)  Estos habían de ser salvos únicamente por la pura gracia de Dios, y no por virtud de obras de la ley.  (Efesios 2:5, 8-9)  Aquellos salvados, y sólo éstos, habían de ser sumergidos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.  (Mateo 28:19)  Y sólo éstos, así recibidos y bautizados, habían de participar de la Cena del Señor; la Cena había de celebrarse únicamente por la iglesia, formada por todos sus miembros salvos y bautizados reunidos en armonía.

 

6. Las Inspiradas Escrituras y nada más que ellas, de hecho, el Nuevo Testamento y sólo el Nuevo Testamento, habían de ser la regla y guía en asuntos de fe y de conducta, no sólo para la iglesia como organismo, sino para cada miembro de ella.

(Nota de traductor: La iglesia de Cristo es una institución que no empezó sino hasta el Nuevo Testamento.  Entonces, sólo allí se encuentra el origen, reglas y prácticas de las iglesias del Señor.  Sin embargo, los bautistas verdaderos siempre han dicho que toda la Escritura es la Palabra de Dios y es la única regla de fe y práctica, tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo, 2 Timoteo 3:16-17.  (La Confesión de Fe de Londres de 1689, Una Confesión Bautista, Capítulo 1, “Las Santas Escrituras”)        

 

7. Cristo Jesús, el Fundador de ese organismo y el Salvador de sus miembros, había de ser su único Sacerdote y Rey, su único Señor y Legislador única, así como la Cabeza de las iglesias.

 

Las iglesias habían de ser ejecutivas tan sólo para llevar a cabo la voluntad de su Señor y sus perfectas leyes; jamás habían de ser legislativas para reformar o abrogar sus antiguas leyes o hacer otras nuevas.

 

8. Esta religión de Cristo había de ser asunto puramente personal, individual y voluntario, que se siguiera mediante la persuasión, y no por fuerza física o gubernativa; había de ser asunto de decisión personal.  Escoged a quien sirváis (Josué 24:15) es el requerimiento bíblico.  No podría, por tanto, ser aceptada, ni rechazada, ni observada por sustituto ni por obligación.

 

9. Nótese bien, que ni Cristo ni sus apóstoles dieron jamás a sus seguidores ningún nombre denominacional, como los que hoy se acostumbran, como los de “católico”, “luterano”, “presbiteriano”, “episcopal”, etc., (a menos que fuese destinado así el nombre dado por Cristo a Juan, “Bautista” o “Juan el Bautista,” mencionado en Mateo 11:11 y diez o doce veces más).  Cristo llamó al individuo que le seguía “discípulo”.  Dos o tres de ellos fueron llamados “discípulos”.  A la congregación de discípulos, sea en Jerusalén, o en Antioquía o en otras partes, se le llamó iglesia.  Y siempre que se aludía a más de uno de estos distintos organismos, se los llamaba “iglesias”; pues la palabra iglesia usada en singular nunca se la empleaba para referirse a más de uno de estos organismos, ni siquiera se hacía eso al referirse a todos ellos.

 

10. Me permito señalar otra característica o marca distintiva, a saber, la completa separación de la Iglesia y el Estado.  Ninguna combinación o mezcla tiene que hacerse entre esta religión espiritual y el gobierno temporal.  A esto hay que añadir que las iglesias de Cristo creen en la “completa libertad religiosa” para todo el mundo.

 

Antes de proceder con la historia, permítame llamar su atención a:

                     El Gráfico de la Historia

 

Creo que un estudio cuidadoso del gráfico le puede hacer entender mejor la historia, y ayudarle a retener en memoria lo que oye y ve.  El gráfico enseña un período de 2000 años de historia religiosa.  Note en la parte superior así como la inferior los mismos números: 100, 200, 300, etc. hasta 2000.  Los números significan los veinte siglos del tiempo, separados por las divisiones verticales.

 

Cerca de la parte inferior hay una sección horizontal manchada y oscura, representando la Edad Media.  Allí están los nombres de países... Italia, Gales, Inglaterra, África, España, Francia, etc. hasta América.  Son los países donde ocurrió mucha historia especial durante el período indicado, aunque en algunos países la historia eclesiástica se hizo en todos los siglos.

 

Arriba de los nombres de países, aparecen los sobrenombres de iglesias, asignados a ellas por sus enemigos.  “Cristianos” es el primero.  “Y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquia”.  (Hechos 11:26)  Eso ocurrió cerca del año 43.  O los paganos o los judíos les llamaban ese nombre en burla.  Todos los demás nombres en la misma línea fueron dados por lo mismo: Montanistas, Novacianos, Donatistas, Paulicianos, Albigenses, Valdenses, Ana-bautistas, etc.  En el curso de las disertaciones se mencionan estos grupos muchas veces.

 

Los círculos rojos regados en todo el gráfico representan iglesias en Asia, África, Europa, en las montañas y valles, etc.  Su color indica la sangre de mártires.  Cristo su fundador murió en la cruz.  Todos los apóstoles menos dos, Judas y Juan, sufrieron la muerte de mártir.  Judas traicionó al Señor y murió suicidado.  El apóstol Juan, según la historia, sufrió por el evangelio en la isla llamada Patmos, pero después regresó a Éfeso y allí falleció de una muerte natural a los 80 años.

 

Los círculos negros también representan iglesias, pero las iglesias errantes que se desviaron en práctica o doctrina.  Ya existían un número de ellas aun antes de la muerte de Pedro, Pablo y Juan.

 

Al  concluir con la introducción y algunos preliminares, nos dirigimos a la historia.   

 

 

 

PRIMER PERÍODO - Desde el año 30 al 500

 

1. Debido al extraño, bien que maravilloso, impulso y dirección de Juan el Bautista, el elocuente pregonero del desierto, y al amoroso contacto y la milagrosa eficacia del poder de Cristo, así como a la admirable predicación de los apóstoles y de sus inmediatos sucesores, la religión cristiana se propagó de modo extraordinario durante los primeros quinientos años de su existencia, dejando, eso sí, un horrible rastro de sangre tras sí.  El judaísmo y el paganismo se opusieron con fiereza a todo movimiento de avance.  El primero de los grandes guías cuya vida fue sacrificada fue Juan el Bautista, siendo decapitado.  Poco después, le siguió el mismo Salvador, fundador de esa religión, muriendo de cruel muerte de cruz.

 

2. A continuación del Salvador, y en rápida sucesión, fueron martirizados muchos otros héroes.  Esteban fue lapidado; Mateo, muerto en Etiopía; Marcos, arrastrado por las calles, hasta que murió; Lucas, ahorcado; Pedro y Simeón, crucificados; Andrés, atado a una cruz; Santiago, decapitado; Felipe, crucificado y apedreado; Bartolomé, desollado vivo; Tomás alanceado; Santiago el Menor, arrojado de lo alto del templo al pavimento, causándole la muerte; Judas y Matías fueron apedreados; y Pablo, decapitado.

 

3. Habían transcurrido ya más de cien años cuando estas cosas sucedieron.  Esa fiera persecución del judaísmo y el paganismo prosiguió durante dos o tres siglos más.  Con todo, la religión cristiana se propagó de una manera extraordinaria por todo el Imperio Romano: Europa, Asia, África, Inglaterra, Gales y muchas otras partes donde había alguna civilización.  Las iglesias se multiplicaban sobremanera, los discípulos crecían continuamente; pero algunas iglesias siguieron el error.

 

 

4. La primera desviación de las enseñanzas del Nuevo Testamento comprendió el sistema de gobierno y la doctrina.  Durante los dos primeros siglos, las iglesias locales se multiplicaron rápidamente; y algunas de las más antiguas (como la de Jerusalén, la de Antioquía, Efeso, Corinto, etc.) crecieron tanto que llegaron a ser muy grandes; Jerusalén por ejemplo, llegó a tener muchos millares de miembros (Hechos 2:41; 4:4; 5:14).  Es probable que su número oscilase entre 25,000 y 50,000 o más.  Una persona que estudie atentamente el libro de los Hechos y las Epístolas verá que Pablo tuvo una formidable tarea en su tiempo para hacer que algunas iglesias marchasen bien.  Véase las profecías de Pedro y de Pablo tocante al futuro (2 Pedro 2:12; Hechos 20:29-31; Apocalipsis, capítulo 2 y 3).

 

Esas grandes iglesias tenían, por necesidad, muchos predicadores o ancianos (Hechos 20:17.)  Ello dio lugar a que algunos de los obispos o pastores comenzasen a asumir una autoridad que no les concedía el Nuevo Testamento, como la de ejercer autoridad sobre otras iglesias más pequeñas.  Los tales obispos, con sus numerosos ancianos o presbíteros, comenzaron a enseñorearse de la heredad del Señor.  Pero Diótrefes, al cual le gusta tener el primer lugar entre ellos, no nos recibe”.  (3 Juan, versículo 9)  He aquí el comienzo de un error que ha tomado cuerpo y multiplicado muchos otros errores graves y peligrosos.  Aquí tenemos también el comienzo de las varias órdenes en el ministerio, las que fueron multiplicándose hasta alcanzar al número existente actualmente en el catolicismo y otros cuerpos religiosos.  Esto fue el punto de partida que acabó con la forma democrática de gobierno de la iglesia, existente en las iglesias primitivas.  Esta irregularidad, aunque en pequeña escala, comenzó a fines del siglo segundo.  Es probable que ésta haya sido la más grave desviación del orden eclesiástico del Nuevo Testamento.

 

5. Otro cambio vital que, según se desprende de la historia, ha tenido lugar a fines del siglo segundo, es el relacionado con la gran doctrina de la salvación.  Los judíos, lo mismo que los paganos, habían sido enseñados, por muchas generaciones, a dar gran importancia a las ceremonias.  Habían llegado a mirar los tipos y sombras como sustancias reales; y las ceremonias como verdaderos agentes o medios de salvación.  Es lo que sucedió con el bautismo.  Sin duda, se dijeron: La Biblia habla mucho del bautismo.  En ella se hace mucho hincapié sobre esa ordenanza y de la necesidad de obedecerlo.  Seguramente que ello se debe a que esa ordenanza tiene algo que ver con la salvación.  El resultado fue que en ese periodo la idea de la regeneración bautismal llegó a predominar en algunas iglesias.  (Shackelford, p.57; Camp, p.47; Benedict, p.286; Mosheim, tomo 1, p.134; Christian, p.28)

 

6. Otro grave error que comenzó a infiltrarse y que, según algunos historiadores, comenzó en este mismo siglo, y del que posiblemente fue una inevitable consecuencia de la idea de la regeneración bautismal, fue el del cambio de los sujetos del bautismo.  Y así, no bien se consideró a esa ordenanza como agente o medio de salvación, se juzgó que cuanto más pronto se lo recibiese, tanto mejor.  Tal fue el origen del bautismo infantil.  Antes de eso, los “creyentes,” y sólo los “creyentes,” eran considerados como los únicos sujetos propios de esa ordenanza.  Referente a “rociar” o “echar un poco de agua,” ninguna referencia se hace a ellas todavía, y ello en razón de que esas formas de bautizar fueron adoptadas mucho más tarde; pues los infantes eran sumergidos, al igual que los adultos, durante varios siglos.  Esa costumbre todavía prevalece entre los griegos ortodoxos (rama grandísima de la Iglesia Católica) hasta nuestros días, sin que jamás hayan cambiado la forma original de bautizar.  Verdad es que los griegos practican el bautismo infantil, pero también lo es el que nunca los han bautizado de otra manera que sumergiéndolos.

 

Nota: Algunos historiadores colocan el comienzo del bautismo infantil dentro de ese siglo; pero citaré, como refutación, un corto párrafo de la obra, Investigaciones Eclesiásticas por Robinson:

“Durante los tres primeros siglos, las congregaciones de todo el oriente se mantuvieron como cuerpos independientes, sin recibir ayuda pecuniaria alguna del gobierno, y sin ejercer ningún poder o autoridad secular una sobre otra.  Durante todo aquel tiempo las iglesias eran bautistas; y aunque todos los líderes de la iglesia de los primeros cuatro siglos, hasta Jerónimo (en el año 310) eran griegos, sirios y africanos, y dejaron gran numero de relatos del bautismo de adultos; con todo, no se halla ni uno siquiera del bautismo de un niño hasta el año de 370”. (Robinson, p. 55; Shackelford, Compendio de la Historia de los Bautistas, p. 43; Vedder, p. 50; Christian, p. 31; Orchard, p. 50, etc.)

 

7. Recuérdese que cambios semejantes a los mencionados aquí; no se hicieron en un día ni en un año, sino que se fueron realizando poco a poco, y nunca en todas las iglesias.  Algunas de ellas los repudiaron enérgicamente.  Tanto es así que el año 251 las iglesias que se mantuvieron fieles rompieron la comunión con las que aceptaron y practicaron tales errores. Esa fue la primera separación oficial efectiva entre las iglesias.

 

8. Debe advertirse que durante los tres primeros siglos comenzaron tres cambios importantes y vitales de las enseñanzas de Cristo y sus apóstoles. También ocurrió un evento significativo.

 

Nótese esta sumaria recapitulación:

(1)   El apartarse de la idea neo-testamentaria del obispo y del gobierno eclesiástico (Este cambio se extendió rápidamente, y se hizo cada vez más evidente y dañoso).

(2)   El apartarse de las enseñanzas del Nuevo Testamento tocante a la regeneración, por la regeneración bautismal

(3)   El cambio del bautismo de creyentes por el bautismo infantil  (Este último, sin embargo, no se hizo general ni muy frecuente por más de un siglo).

 

9. La regeneración bautismal y el bautismo infantil.  Estos dos errores, según el categórico testimonio de la historia, causaron más derramamiento de sangre de cristianos en el transcurso de los siglos que todos los otros errores combinados, o probablemente que todas las guerras (no relacionadas con las persecuciones), si se exceptúa la reciente guerra mundial (en los años 1914-1918).  Más de cincuenta millones de cristianos sufrieron el martirio, principalmente por haber rechazado estos dos errores durante el sombrío período de la Edad Media, esto es, en el lapso de doce o trece siglos.  (La Ley de Dios, por William S. Plumer, autor presbiteriano, Harrisonburg, Virginia, E.U., Sprinkle Publications, 1996; reimprimido de edición de 1864, página 450)

 

10. La historia nos refiere que durante estos tres primeros siglos existían tres significativas características en la gran mayoría de las iglesias:

(1)   Las iglesias separadas e independientes las unas de las otras

(2)   Los obispos (pastores) conocidos por un carácter servicial

(3)   El bautismo de creyentes únicamente

 

Citaré a Mosheim, el más grande de todos los historiadores luteranos, tomo I, p.71 y 72:

“Quien quiera que suponga que los obispos del Siglo de Oro de la iglesia eran semejantes a los de los siglos posteriores, no hará sino una mezcla y confusión de caracteres muy diferentes, porque en éste y en el siguiente siglo, un obispo tenía a su cargo una sola iglesia, que ordinariamente podía reunirse en una casa particular; tampoco era su amo o señor, sino sólo su ministro o servidor.  En estos tiempos primitivos, todas las iglesias eran independientes, es decir, que ninguna estaba sujeta a la jurisdicción de otra.  Pues aunque las iglesias que habían sido fundadas por los apóstoles habían honrado a éstos, consultándolos en casos dudosos, sin embargo, no tenían ni autoridad judicial, ni dominio sobre ellas, ni facultad para dictarles leyes.  Por el contrario, tan evidente es que las iglesias tenían iguales derechos, como la luz de mediodía, encontrándose en el mismo plano de igualdad”.

 

11. Sin embargo, hasta este período, el cristianismo, no obstante sus muchas y graves persecuciones, se había propagado maravillosamente, hasta el punto de extenderse hasta más allá del Imperio Romano, con el resultado de que casi todo el mundo habitado había oído el Evangelio.  Es más; según algunos historiadores eclesiásticos, muchas de las iglesias fundadas por los apóstoles se hallaban en esta época todavía intactas, y fielmente apegadas a las enseñanzas apostólicas.  Sin embargo, como ya se ha dicho, un número de grandes y dañosos errores habían penetrado y perpetuado en no pocas iglesias, lo que hizo que el estado de algunas fuese muy irregular.

 

12. En este período, las persecuciones fueron cada vez más fieras.  A principios del siglo cuarto, es quizá cuando apareció el primer mandato gubernamental contra los cristianos declarado por el Emperador Galerio.  El crecimiento tan maravilloso del cristianismo alarmó a los líderes paganos del Imperio Romano.  Eso dio lugar al mandato el 24 de febrero de 303.  Hasta ese entonces, el paganismo había perseguido a los cristianos sin que ninguna ley lo ordenara.

 

13. Pero ese mandato fracasó en su propósito de detener el progreso del cristianismo, y el mismo Emperador Galerio, que lo había promulgado, publicó otro, ocho años más tarde, en el año 311, anulando el primero, y concediendo a los cristianos la debida tolerancia para practicar su religión.  Es probable que este mandato haya sido el primero en favorecerlos.

 

14. A principios del año 313, el cristianismo alcanzó una histórica victoria sobre el paganismo, con motivo de haber ascendido al trono imperial de los Césares un nuevo emperador.  Este, que no era otro que Constantino, no tardó en caer en la cuenta de que el cristianismo poseía un misterioso poder, al continuar propagándose, a pesar de las persecuciones.

 

Cuenta la historia que ese monarca tuvo una maravillosa visión. Se dice que vio en el cielo una cruz de fuego, y sobre ella estas ardientes palabras: “Con ésta vencerás”.  Él las interpretó en el sentido de que debía hacerse cristiano, renunciar al paganismo, unir al poder temporal del Imperio Romano el poder espiritual de la religión cristiana, para que el mundo fuese fácilmente conquistado.  De ese modo la religión cristiana llegaría a ser de hecho la religión del mundo entero, y el Imperio Romano, un imperio universal.

 

15. Todo esto dio lugar a un descanso, un entendimiento y una alianza entre el Imperio Romano y la religión cristiana, mediante la intervención del emperador.  Las palabras de este contrato matrimonial fueron éstas: “Dadnos vuestro poder espiritual, y nosotros os daremos nuestro poder imperial”.

 

16. Para efectuar y consumar esa impía unión, se convocó a un concilio.  Esa convocatoria tuvo lugar el año 313; en ella se invitaba a las iglesias cristianas o a sus representantes a esa asamblea.  Muchas fueron las que acudieron al llamado, pero no todas.

 

Resultado: que no sólo se consumó la alianza entre la Iglesia y el Estado, sino que se creó una Jerarquía, la cual, al organizarse, destronó a Cristo como cabeza de las iglesias, y puso al Emperador Constantino (aunque sólo temporalmente) en lugar de Cristo, como cabeza de las iglesias.

 

17. La Jerarquía fue el principio exacto de un proceso que trajo como resultado final lo que ahora se conoce como la Iglesia Católica o Universal.  Cabe decir de ella que su exacto comienzo tuvo lugar a fines del siglo segundo y comienzos del tercero, cuando las nuevas ideas acerca de los obispos y el gobierno prelaticio de la iglesia comenzaron a darse a conocer.

 

18. Téngase muy presente que cuando Constantino convocó el concilio, hubo muchos cristianos (bautistas) y muchas iglesias que rehusaron acudir, por ser contrarios a toda unión entre la Iglesia y el Estado, al gobierno religioso centralizado y al gobierno jerárquico o de prelados, por ser eso opuesto al gobierno congregacional.  Ni esos cristianos (bautistas) ni esas iglesias formaron parte ni entonces ni más tarde en la Jerarquía de la Denominación Católica.

 

19. Cuando se creó esa jerarquía, Constantino, que fue reconocido como cabeza de ella, aún no era cristiano.  Había convenido en serlo, sí, pero como las extraviadas e irregulares iglesias que habían entrado con él en esa organización habían adoptado el error de la regeneración bautismal, surgió en el ánimo del emperador una tremenda duda: “Si yo soy salvo” - se dijo –“de mis pecados mediante el bautismo, ¿cómo me salvaré de los que pueda cometer después de bautizarme?”  Es decir, que suscitó una cuestión que ha confundido a todas las generaciones subsiguientes: ¿Puede el bautismo lavar los pecados aún no cometidos? O, ¿se lavan los pecados cometidos antes del bautismo mediante un procedimiento, a saber, el bautismo, y los cometidos después, mediante otro?

 

20. No pudiendo resolver satisfactoriamente las muchas cuestiones que surgieron de su mente, Constantino decidió, finalmente, unirse a los cristianos, pero aplazando su bautismo hasta el momento de su muerte, a fin de que todos sus pecados pudieran ser lavados de una vez; de ahí que no fuese bautizado sino hasta poco antes de morir.

21. La conducta de Constantino de repudiar la religión pagana, que era la de todo el imperio, para aceptar la cristiana, le provocó el desagrado del Senado Romano, el cual repudió su proceder, o, cuando menos, se opuso a él.  Esa oposición del Senado indujo a Constantino a trasladar la capital del imperio de Roma a Bizancio, una antigua ciudad que él reedificó y a la que llamó Constantinopla en honor suyo.  El resultado fue que hubo dos capitales del imperio: Roma y Constantinopla.  Estas dos ciudades, que fueron rivales por muchos siglos, llegaron a ser más tarde el asiento de la autoridad religiosa de la Iglesia Católica, dividida en dos ramas: la griega y la romana.

 

22. Hasta el establecimiento de la jerarquía y la unión de la Iglesia con el Estado, todas las persecuciones fueron realizadas, ya por el judaísmo, ya por el paganismo.  Ahora se produce un tremendo cambio: los cristianos (de nombre) comienzan a perseguir a los cristianos que no están de acuerdo con ellos.

 

Constantino, que deseaba que todos los cristianos compartieran con él su idea de una religión del estado, comenzó a echar mano de su poder imperial para reprimir a los muchos creyentes que por razones de conciencia se oponían a esa grave desviación de las enseñanzas del Nuevo Testamento.

 

Tal fue el comienzo de los días y años, y aún siglos, de dura y fiera persecución contra todos los cristianos que se mantuvieron leales a las enseñanzas originales de Cristo y sus apóstoles.

 

23. Téngase presente que estamos refiriendo sucesos que ocurrieron entre los años 300 y 500.  La jerarquía, establecida bajo la dirección de Constantino, se transformó rápidamente en lo que ahora se conoce como la Iglesia Católica.  Esta recién transformada iglesia, unida al poder temporal, ya no es sencillamente un elemento ejecutivo para cumplir las perfectas leyes del Nuevo Testamento, sino que comenzó a asumir un carácter legislativo, que corrige o anula las antiguas leyes o promulga otras nuevas completamente desconocidas para el Nuevo Testamento.

 

24. Una de sus primeras disposiciones legislativas, y que más subversivos resultados produjo, fue el establecimiento por ley del bautismo infantil.

 

En virtud de esta nueva ley, el bautismo infantil se hizo obligatorio.  Esto ocurrió en el año 416.  Un siglo antes de ésto, no era frecuente el bautismo de niños.  Pero no bien esta nueva ley fue hecha efectiva, fueron abrogadas dos leyes vitales del Nuevo Testamento, a saber: el bautismo de creyentes y la obediencia voluntaria del candidato al mismo.

 

25. Como consecuencia inevitable de esta nueva doctrina y esta nueva ley, estas extraviadas iglesias prontamente se llenaron de miembros inconversos.  El resultado fue que no pasaron muchos años antes de que la mayoría de sus miembros fuesen inconversos. Este estado de cosas hizo que los grandes intereses del gran reino espiritual de Dios estuviesen en manos de elementos no regenerados.  ¿Qué podía esperarse de esta situación?

 

26. Desde luego, los creyentes y las iglesias leales rechazaron esta nueva ley; pues para ellos, la única ley válida era la del bautismo de creyentes, por ser el único bautismo neo-testamentario.  Y así, no sólo rehusaron bautizar a sus hijos, sino que, creyendo, como creían, en el bautismo de creyentes, rehusaron el bautismo administrado por las iglesias de esa organización anti-bíblica.  De manera que si uno de los miembros de esas iglesias extraviadas deseaba unirse a alguna de las que habían rehusado plegarse a la nueva organización, se le exigía que diese pruebas de genuina conversión, y se rebautizase.

 

27. Esta conducta de parte de las iglesias leales pronto incurrió en el furioso desagrado de los devotos de la religión del estado, muchos de los cuales, si no los más de ellos, no eran genuinos cristianos.

 

Sin embargo, a partir de ese momento, se les negó el nombre de “cristianos” a los que integraban las iglesias leales que rehusaban aceptar los nuevos errores.  Es más: no sólo fueron despojados de ese nombre, sino que se les puso muchos otros nombres, de manera que unas veces eran llamados por uno o por otro; Y así se les llamó “montanistas”, “tertulianistas”, “novacianos”, “petrobrusianos”, etc.; Y algunos, al menos, a causa de su practica de rebautizar a los que habían sido bautizados en la infancia, fueron denominados “ana-bautistas”.

 

28. El año 426, exactamente diez años después de haberse establecido con fuerza de ley el bautismo infantil, comenzó el horrible período conocido como la Edad Media.  ¡Qué horrible período fue ese!  ¡Cuán tenebroso y sangriento fue!  Durante diez siglos, a partir de ese entonces, el rastro del cristianismo leal se halla regado por su misma sangre.  Hay muchos nombres llevados por los perseguidos.  A veces esos nombres les fueron dados debido a algún jefe heróico que los acaudillaba; y otras debido a otras causas.  Ocurría a veces que el mismo pueblo era designado en cada país con distinto nombre.

 

29. Fue a principios de la Edad Media cuando comenzó el papado, en la persona de León I durante los años 440-461.  No fue, sin embargo, entonces cuando se usó por primera vez el título de “Papa”.  Ese título, lo mismo que el de “Iglesia Católica”, fue ampliado.  El nombre aparece aplicado por primera vez al obispo de Roma entre los años 296 y 304.  El primero en adoptarlo formalmente fue Siricio, obispo de Roma del año 384 al 408.  Luego fue adoptado oficialmente por León I durante los años 440-461.  Después, fue universalmente reclamado por todos los obispos en el año 707, hasta que Gregorio VII, unos siglos más tarde, declaró que ese título era exclusivo del papa.

 

30. Recapitulemos ahora los sucesos más significativos de este primer período de quinientos años:

(1)    El cambio gradual del gobierno democrático por uno de carácter prelaticio

(2)    El cambio de la salvación por gracia por la salvación bautismal

(3)    El cambio del bautismo de creyentes por el bautismo infantil

(4)    La Jerarquía:  unión o maridaje de la Iglesia y el Estado

(5)    La capital del imperio trasladada a Constantinopla

(6)    El bautismo infantil establecido por ley y declarado obligatorio

(7)    Los “cristianos” comenzando a perseguir a los cristianos

(8)    La Edad del Oscurantismo comenzado en el año 426

(9)    La espada y la antorcha, más bien que el Evangelio, llegando a ser el poder de “Dios” para salvación

(10)Todo resto de “libertad religiosa” acabó por morir (Se la entierra; y enterrada queda por varios siglos).

(11)Las iglesias leales al Nuevo Testamento (conocidas por muchos nombres)  perseguidas sin tregua ni descanso por el poder temporal de la nueva Iglesia Católica; creyentes dispersados por todo el mundo buscando refugio (poco seguro) en los lugares más ocultos de los bosques, las montañas, los valles, los escondrijos y cavernas de la tierra

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SEGUNDO PERÍODO - Desde el año 600 al 1300

 

1. Hemos terminado la primera disertación en el siglo quinto.  Sin embargo, un buen número de sucesos que no se mencionaron en la primera disertación tuvieron su principio en los primeros siglos de nuestra era.

 

Hemos llegado al horrendo período, designado por la historia universal como la Edad Media o del oscurantismo.  Porque fue de veras una época tenebrosa, sangrienta y horrenda en extremo.

 

Las persecuciones de la Iglesia Católica Romana fueron crueles y continuas.  La guerra de exterminio intencional que prosiguió sin interrupción y de una manera implacable en muchos países, hizo que muchos creyentes huyesen a otras tierras, no dejando tras sí más que un reguero de sangre, por doquiera que iban.  Esto se vio especialmente en Inglaterra, Gales, África, Armenia y Bulgaria, y donde quiera que había cristianos que se mostraban sinceros y rigurosamente leales al Nuevo Testamento.

 

2. Volvamos ahora nuestra atención a los concilios llamados “ecuménicos” o “imperiales.”  Conviene tener presente que todos esos sínodos se celebraron supuestamente a semejanza del de Jerusalén celebrado por los apóstoles y otros (véase Hechos 15:1); pero no se parecieron en nada, a pesar de llamarse del mismo nombre, “concilios”.

 

Fijaremos nuestra atención ahora tan sólo en ocho de ellos, los que fueron convocados por los emperadores; no por los papas.  Todos estos concilios fueron celebrados en el oriente, es decir, por iglesias del rito griego, si bien asistieron a ellos representantes de la rama occidental o romana de la iglesia.

 

3. El primero de esos concilios se celebró en Nicea, en el año 325, y fue convocado por Constantino el Grande, al que asistieron 318 obispos.

El segundo fue el de Constantinopla, celebrado en el año 381, y fue convocado por el emperador Teodosio el Grande.  A este asistieron 150 obispos.  (Téngase presente que en los primeros siglos del cristianismo, los obispos no eran otra cosa que los pastores de las iglesias locales).

 

El tercero fue convocado por Teodosio II y Valentiniano III.  A este concurrieron 250 obispos, siendo celebrado en Efeso, en el año 431.

 

El cuarto se celebró en Calcedonia, en el año 451, convocado por el emperador Marciano; concurrieron a él entre 500 y 600 obispos metropolitanos (estos eran pastores de ciudades principales o pastores de las principales iglesias).  En este concilio fue promulgada la doctrina de lo que ahora se conoce como mariolatría, es decir, el culto a Maria, la madre del Señor.  Al principio, esta doctrina causó mucha agitación; pues muchos opusieron a ella serios reparos.  Con todo, acabó por imponerse como doctrina o dogma permanente de la Iglesia Católica.

 

El quinto de estos ocho concilios se realizó en Constantinopla.  Este fue el segundo celebrado en aquella ciudad.  Lo convocó Justiniano, en el año 553, al que asistieron 165 obispos, y parece, fue celebrado principalmente para condenar ciertos escritos.

 

El sexto concilio fue convocado en el año 680 por Constantino Pogonato, y celebrado, como el anterior, en Constantinopla, para condenar la herejía.  Este concilio condenó también al Papa Honorio, al que depuso y excomulgo.  Desde luego, la infalibilidad aún no había sido declarada.

 

El séptimo concilio se reunió en Nicea, en el año 787.  Fue este el segundo celebrado en esa ciudad.  Fue convocado por la Emperatriz Irene.  Al parecer, fue en este concilio donde se originó el culto a las imágenes y a los santos.  Como podéis verlo, esos “padres” se hicieron más paganos que cristianos.

El último de los llamados “concilios orientales” convocados por los emperadores, tuvo lugar en Constantinopla, en el año 869.  Fue convocado por el emperador Basilio I, el Macedonio.  La Iglesia Católica pasaba entonces por una seria dificultad, causada por la controversia entre las dos cabezas del catolicismo (la oriental y la occidental, o sea la griega y la latina), a saber, Focio de Constantinopla y Nicolás I de Roma.  Tan grave fue la contienda que los dos se excomulgaron mutuamente, de suerte que, durante un corto tiempo, el catolicismo estuvo sin cabeza.  El objeto del concilio fue, de consiguiente, el de arreglar ese asunto.  Pero tan definitiva fue esa ruptura entre las dos ramas del catolicismo, que hasta la hora presente no ha sido posible restablecer la armonía entre ambas iglesias.  Todos los intentos hechos en ese sentido han fracasado completamente.  Desde ese entonces, el poder de la curia romana ha ido en aumento.  Desde esa época en adelante, ya no son los emperadores los que convocan los concilios, sino los pontífices romanos.

 

Tocante a los concilios posteriores, nos ocuparemos de ellos más tarde, en el curso de estas disertaciones.

 

4. Hay una nueva doctrina de la cual no hemos llamado su atención.  Sin duda que también hay otras que se hallan en el mismo caso, pero hay una especialmente, a la que yo quisiera llamar su atención, y esa es la de la comunión infantil.  En efecto, a los niñitos no sólo se les bautizaba y recibía en la iglesia, sino que se los suponía capaces de participar de la Cena del Señor.  Pero el problema que se planteaba era de cómo se les podría administrar; al fin, se resolvió que mojando el pan en el vino.  Esta forma se observó por mucho tiempo.  Algo más tarde, se añadió otra nueva doctrina a la anterior, la cual decía que este era otro medio de salvación.  Pero como posteriormente apareció otra nueva enseñanza, volveremos a referirnos a esta última, algo más tarde.

 

5. En el concilio de Calcedonia, celebrado en el año 451, se añadió otra doctrina enteramente nueva, que acrecentó rápidamente la lista.  Fue la doctrina llamada mariolatría o culto a Maria, la Madre de Jesús.  Parece que se sintió la necesidad de un nuevo mediador, a causa de estimarse demasiado grande la distancia entre Dios y los hombres para que bastase un solo mediador, aun cuando ese lo fuese Cristo, Hijo de Dios y Dios-Hombre.  Y así se consideró que se necesitaba de María, como otra mediadora; con lo cual se le dirigieron oraciones y ruegos, a fin de que ella, a su vez, se los dirigiera a Cristo.

 

6. En el siglo octavo, se añadieron a la fe católica otras dos nuevas doctrinas, las que fueron promulgadas en el segundo concilio celebrado en Nicea, el que tuvo lugar el año 787.  El primero que allí se celebró se le designó como el concilio del culto a las imágenes, una abierta violación de uno de los mandamientos divinos, que dice: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza...” (Éxodo 20:3-5)  Fue esa otra añadidura del paganismo, a la que luego siguió la del culto a los santos.  Esta doctrina no tiene base bíblica alguna.  El único ejemplo de suplica dirigida a un santo que hallamos en la Biblia, dado sin duda para mostrar lo necio de semejante pedido, es la que el rico dirigió a Abraham.  (Lucas 16:24-31)  Estos son algunos (no todos) de los numerosos cambios revolucionarios que se hicieron tocante a las enseñanzas del Nuevo Testamento en ese período de la historia eclesiástica.

 

7. Durante el período que acabamos de recorrer, los perseguidos fueron llamados por muchos y variados nombres, como “donatistas”, “petrobrusianos”, “cataros”, “paulicianos” y “ana-bautistas”.  Algo más tarde, fueron llamados “arnoldistas”, “enriqueños”, “albigenses” y “valdenses”.  A veces uno de estos grupos sobresalía sobre los demás, y otras veces, otro.  Pero algunos de ellos casi siempre se destacaron por causa de lo persistente y terrible de la persecución de que fueron objeto.

 

8. Pero no se vaya a pensar, sin embargo, que todos estos perseguidos hayan sido siempre leales en todo sentido a las enseñanzas del Nuevo Testamento.  En lo esencial, sí lo fueron.  .Y algunos, si se tiene en cuenta las circunstancias que los rodeaban, fueron sorprendentemente fieles.  Téngase presente que muchos de ellos sólo poseían en aquellos lejanos tiempos partes del Nuevo o del Antiguo Testamento; pues como los sagrados libros no estaban impresos, sino manuscritos en pergamino o algo por el estilo, eran grandes y voluminosos.  Ello hacía que fuesen pocas - si es que había alguna - las familias y hasta las simples iglesias que tenían ejemplares completos de la Biblia.  Antes de la formal terminación del canon, lo cual ocurrió a fines del siglo cuarto, había muy pocos manuscritos de todo el Nuevo Testamento.  De los mil de ellos de que tenemos noticia, sólo unos treinta contienen todos los libros de que consta el Nuevo Testamento.

 

9. Además, durante toda la Edad Media y el período en que arreciaron las persecuciones, se hicieron grandes esfuerzos por destruir las Sagradas Escrituras, sin excluir los ejemplares que poseían los propios perseguidos.  De ahí que esas víctimas de la persecución tuviesen, en muchos casos, únicamente algunos fragmentos de la Biblia.

 

10. Conviene también advertir que en aras de impedir la difusión de opiniones contrarias a las de los católicos, se hicieron planes y se tomaron medidas en ese sentido.  Como primera medida, se dispuso que todos los escritos sin distinción fuesen recogidos y quemados.  Esta medida se aplicó especialmente a los libros, lo que se hizo con todo rigor y persistencia, por espacio de varios siglos.  Tal fue, según la historia, la causa principal de que sea tan difícil lograr datos históricos exactos.  Además, todos los escritores y predicadores que se mostraron inflexibles sufrieron el martirio.  Ese período fue sobremanera sanguinario; tanto, que todos los grupos heréticos (así eran llamados) que persistían en sus opiniones, no importa cual fuese su nombre ni donde viviesen, eran perseguidos.  Los donatistas y los paulicianos se distinguieron entre los primeros grupos.  Los católicos, por extraño que parezca, a todos los que se negaban a hacer causa común con ellos en su desviación de la fe y a creer en sus errores, los denunciaban como herejes y como a tales los condenaban.  Esos católicos llegaron al extremo de llegar a ser más paganos y judíos que cristianos, mostrándose más sumisos y respetuosos al poder civil que al religioso; es más, en vez de observar las antiguas leyes, crearon otras nuevas.

 

11. He aquí algunas de las nuevas variaciones que se produjeron acerca de las enseñanzas del Nuevo Testamento durante todos esos siglos.  Es probable que no siempre se den en el orden del tiempo de su promulgación porque sería casi imposible lograr la fecha exacta del comienzo de estos cambios.  Ha ocurrido con ellos, sin duda, algo semejante a todo el sistema católico; ya que son efecto de un desarrollo gradual.  Sus doctrinas o enseñanzas estuvieron sujetas, en los primeros años, a un constante cambio, mediante adiciones, sustracciones, sustituciones o anulaciones.  El resultado fue que la Iglesia Católica ya no era, si alguna vez lo fuese, una iglesia neo-testamentaria. Tampoco era ya un cuerpo meramente ejecutivo, para cumplir las leyes de Dios, sino que se había convertido en uno de carácter legislativo, que hace otras nuevas, y que cambia o abroga las antiguas a su gusto y paladar.

 

12. Una de sus nuevas doctrinas o declaraciones dadas a conocer por ese entonces, fue esta: “Fuera de la iglesia no hay salvación”.  Como, según ellos decían, no había otra iglesia más que la Católica, se seguía que había que ser católico, o de lo contrario, perderse.

 

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